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Begoña Larrazabal Madre de una presa política vasca

Quiero ser rechazada por el señor Ares

Denunciaré cuando no les sean respetados sus derechos. Porque encarcelados y dispersados, también tienen sus derechos. Y nosotros el deber de recordarlos y de manifestarlo

El acto por el que me pregunta su señoría merece todo mi desprecio y rechazo», dijo el consejero de Interior del Gobierno vascongado para dejar constancia pública y oficial de lo que le provocan los actos como el celebrado el pasado 13 de junio por familiares de presos políticos vascos en defensa de sus derechos.

Al leerlo (GARA 09-07-22) recordé la frase de aquel refugiado del 36: «Nuestra grandeza la fija la catadura inmoral de nuestros enemigos». Es eso lo que me obliga a manifestar, también públicamente: que quiero ser despreciada por el señor Ares. Nos engrandece a todos los familiares y amigos de los presos y presas políticas vascas.

Porque si nuestros familiares y amigos no son presos políticos, ¿por qué cuentan con un régimen especial dentro de las prisiones españolas, llenando más de 80 cárceles, hasta un total de más de 750 personas inmoralmente detenidas?

El más veterano de todos ellos, José Mari Sagardui Gatza, es el preso político que más tiempo lleva encarcelado de toda Europa. Acaba de cumplir 29 años de encierro. ¡Veintinueve años! Veintinueve años intervenidas sus comunicaciones (escritas, habladas...). Veintinueve años seleccionando sus visitas. Veintinueve años con castigos en celdas de aislamiento. Veintinueve años seleccionando sus lecturas. Veintinueve años sin participar en las actividades programadas por la cárcel. Veintinueve años con una alimentación tercermundista. Veintinueve años de desasistencia médica, llevando a los presos y presas enfermas a la muerte. Veintinueve años dispersados a miles de kilómetros, impidiendo ser visitados por sus familiares y amigos. Veintinueve años con millones gastados en viajes. Veintinueve años dejando la vida en las carreteras para 40 minutos de visita, a través de un sucio cristal y un asqueroso teléfono.

Tenemos motivos, tenemos la obligación de luchar por los derechos de nuestros familiares, de nuestros amigos y amigas. Tenemos el derecho a quererlos, porque son nuestros familiares, porque son nuestros amigos, porque son seres humanos.

El señor Lamarca, supuesto defensor del pueblo, manifiesta en su lastimera defensa que «existen muy pocos materiales en relación a las víctimas del GAL y demás grupos terroristas análogos a éste».

Parece ignorar en qué cárcel cumplen condena los condenados por actividades terroristas, Amedo, Domínguez, Galindo, Vera, Barrionuevo... y esa lista interminable.

¿Dónde quieren ocultar a las miles de víctimas de Melitón Manzanas, Criado, Hidalgo... torturadas, algunas hasta la muerte, en cuartelillos y comisarías? ¿Dónde está la dignidad de las víctimas del BVE, Triple A, Guerrilleros de Cristo Rey y GAL?

Quiero ser despreciada por el señor Ares y también por el señor Lamarca, porque me siento orgullosa de ser la amatxo de una presa política vasca. Seguiré trabajando por sus derechos y los de todos y cada uno de los presos y presas políticos vascos. Denunciaré cuando no les sean respetados sus derechos. Porque encarcelados y dispersados, también tienen sus derechos. Y nosotros tenemos el deber de recordarlos y de manifestarlo públicamente. Por mi parte, insisto, quiero ser rechazada por el señor Ares.

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