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La cara es de otro

«Pesadilla en Elm Street (el origen)»

M.I. | DONOSTIA

A sabiendas que la película original de Wes Craven es una obra maestra del cine de terror irrepetible, todo intento por volver al inicio se revela automáticamente como una mera operación comercial consistente en recuperar una franquicia, que ya en su momento dio muchas entregas, y que ahora a buen seguro dará otras tantas. Si, encima, quien está detrás de la operación es Michael Bay, cuya labor como productor consistente en actualizar títulos de culto terroríficos, no cabe lugar a la sorpresa. La fórmula que aplica Bay a su particular remozado es la de un tratamiento estilizado, que trata de sacar ventaja sobre el viejo modelo utilizando más medios y recursos técnicos. A cambio todas sus películas pierden la capacidad de emoción primitiva, resultando frías y esquemáticas.

«Pesadilla en Elm Street» no va a ser la excepción, pero captará la atención de las nuevas generaciones que no conocieron al anterior Freddy Krueger en su momento, y que no sentirán la ausencia del mítico actor que se escondía detrás del maquillaje, un Robert Englund al que los incondicionales del género terrorífico sí echarán de menos. Su sustituto es Jackie Earle Haley, quien ha demostrado una enorme capacidad de transformación, por lo que no es nuevo, ni mucho menos, en estas lides. El jersey roto a rayas, el sombrero y las cuchillas también ayudan.

 

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