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Kaltenbrunner regresa sin el K2 y con la tristeza de perder a Ericsson, el esquiador extremo

La Montaña de las Montañas no se rindió ante la osadía de Gerlinde Kaltenbrunner, que intentaba coronar la segunda montaña más alta del planeta y el último de los catorce ochomiles que le falta por conquistar, cuando la tragedia se cruzó en su camino y decidió renunciar.

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Miren SÁENZ

Gerlinde Kaltenbrunner ha pasado un mal agosto. La alpinista austriaca ha vivido una experiencia dolorosa mientras intentaba sumar el K2, tras el fallecimiento de Fredrik Ericsson, que subía con ella. Sucedió el 6 de agosto, cuando ambos se encontraban a 8.200 metros de los 8.611 que mide el K2, en un lugar conocido como cuello de botella. Un parte meteorológico poco atinado, la visibilidad nula y el elevado riesgo del entorno no ayudaron en un primer momento a localizar al malogrado montañero, pese a que su ocasional compañera de fatigas lo intentó y sólo encontró un esquí. Ericsson, a sus 35 años, era también un esquiador experimentado capaz de gestas extremas como descender esquiando el Shisha Pangma o el Gasherbrum II. Ahora pretendía hacer lo mismo en el K2 y el Everest, pero descansará para siempre mil metros más abajo, a 7.200, donde horas después su cuerpo fue visto porque su familia decidió evitar rescates peligrosos.

«No sé cuándo ni tan siquiera sé si volveré al K2 nunca más. Ahora mismo no soy capaz de pensar en el futuro. Por ahora, lo único que quiero es salir de aquí, quiero volver a casa», confesó desolada a los medios de su país. Gerlinde quiso desmarcarse de la carrera por ser la primera mujer en completar la lista inaugurada por Reinhold Messner, incluso antes del revuelo primaveral ocasionado tras el ascenso al Annapurna de Oh Eun Sun y las dudas sobre la consecución de alguna de las cumbres de la coreana que resurgieron en el entorno de Edurne Pasaban.

Como ellas, pero con menos compañía, Kaltenbrunner se ha pasado lo que va de 2010 intentando completar el reto sin renunciar a su estilo. Fiel a un alpinismo comprometido, sin recurrir a oxígeno artificial, cuerdas fijas o sherpas, forma equipo desde siempre con su marido Ralf Djumovits, un alpinista y guía alemán que en 2009 completó la lista aunque, como Edurne, pretendía quitarse la espina de haber recurrido al oxígeno extra en el techo del mundo.

La austriaca se ha peleado esta temporada con los dos supergigantes. En primavera alcanzó el Everest, finalmente desde la ruta Odell hasta el Collado Norte y no desde el Corredor Hornbein como pretendía. Un desafío al alcance de muy pocos en el que ahora anda embarcado el alavés Alberto Zerain. La dificultad del proyecto terminó por agotar a su marido que renunció a la cumbre y esperó su regreso a 8.300 metros mientras ella subía para arriba.

En su segundo objetivo del año, el Chogori les puso mala cara. El 27 de julio, día de cumbre, la pareja decidió regresar al campo base afectados por el vendaval y una mala noche. Diez días después Gerlinde se despedía de hacer cumbre en el considerado el ochomil más complicado y regresaba al campo base para reunirse con su pareja e iniciar el regreso a casa en medio del desastre causado por las dramáticas inundaciones monzónicas en esa zona paquistaní. El K2 se ha mostrado inaccesible. Sólo Christian Stangl, un austriaco amante del skyrunning, se ha apuntado esta temporada la cima en exclusiva.

Pasaban: «Volverá»

Pasaban, admiradora del trabajo de Kaltenbrunner, siempre consideró que su amiga merecía haber sido la primera mujer en completar la lista. Poco le ha faltado para ser la primera en hacerlo sin oxígeno suplementario. En una ocasión, la vasca la definió entre sonrisas «como una monja. Responsable, formal y cuadrada». Aquella mujer, que cambió un futuro de enfermera por la emoción y los peligros de las torres de la naturaleza, ha enseñado su parte más humana.

La tolosarra tampoco guarda un buen recuerdo del K2. Sufrió demasiado y bajó con congelaciones en los pies: «Gerlinde volverá. He conocido pocas personas tan fuertes sicológicamente. Tiene un par de ovarios», comentó a GARA la guipuzcoana, que desde su lugar de vacaciones ha intentado contactar con su colega sin resultado.

Ella también volverá. Tras regresar con los catorce, su agenda echaba humo entre actos institucionales, homenajes públicos y privados y demás compromisos. «Desde el 1 de septiembre estaré en marcha» y en primavera espera retornar al Everest, esta vez sin la ayuda de oxígeno suplementario.

 

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