
Amaia Izko Abogada
Para terminar con la tortura
La reivindicaci�n es clara: la tortura ha de terminar y para ello el r�gimen de incomunicaci�n que se aplica a detenidos por motivos pol�ticos ha de terminarTodav�a con el eco de la sentencia que condena a cuatro guardias civiles por un delito de torturas, nos han vuelto a sacudir por dentro duros testimonios de personas torturadas a manos de la Guardia Civil.
Quiz�s para Rodolfo Ares -para quien el hecho de que una sentencia ponga negro sobre blanco la existencia de la siempre negada y ocultada tortura a los militantes vascos es signo de que el estado derecho existe- tambi�n sean signo de esa intachable democracia los relatos escalofriantes que los detenidos la semana pasada en Nafarroa hicieron al juez y relataron luego a familiares y abogados, sobre toda clase de amenazas, intentos de vejaci�n, golpes y abusos f�sicos, psicol�gicos y sexuales.
Pero a las personas de bien esta violencia sin l�mite sobre las personas detenidas no puede producirles sino un vivo escalofr�o y un fuerte rechazo y repulsa.
A cuenta precisamente de la sentencia de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, que deber�a marcar un antes y un despu�s en el tratamiento de la lacra de la tortura, un medio de comunicaci�n lanzaba una pregunta que a muchos y muchas nos hab�a venido a la cabeza nada m�s escuchar el fallo condenatorio. Y esta pregunta no era otra que, a la vista de la postura adoptada por Rubalcaba durante todo el proceso, defendiendo a capa y espada una versi�n que ha resultado mentira, protegiendo y defendiendo a quienes los jueces han condenado como torturadores, �qu� deber�a hacer ahora el Ministro del Interior?
Y es una pregunta que se te queda dentro. L�gicamente, en un verdadero estado de derecho esta postura deber�a tener, sin lugar a dudas, dr�sticas consecuencias que pasaran, desde luego, por la asunci�n de responsabilidades y la actuaci�n en consecuencia. Pero del Estado espa�ol esto ni lo so�amos.
Sin embargo, al hilo del sonsonete que el propio Rubalcaba ha mantenido tras el �ltimo anuncio de ETA: �s�lo queremos o�r...�, �s�lo queremos escuchar...�, creo que a �l se le deber�a decir exactamente lo mismo. Y es que s�lo queremos escuchar de su boca que la incomunicaci�n ha terminado. S�lo queremos o�r que la tortura ha terminado. Mientras esto no ocurra, todo lo dem�s viene de boca de quien ninguna legitimidad tiene, ni puede tener, frente a las personas que han sufrido la tortura, que se cuentan por miles en este pueblo, a sus familiares y allegados, a las miles de personas que se han movilizado y se movilizan contra la tortura y su pr�ctica sistem�tica y a las personas individuales y tambi�n agentes pol�ticos y sociales a quienes, cada vez en mayor n�mero, preocupa una pr�ctica como la de la tortura que no est�n ya dispuestos a admitir.
Duele mucho escuchar los relatos de tortura. Duele ver el dolor de quien los ha sufrido y duele m�s, si cabe, cuando este dolor es el de alguien pr�ximo o de un amigo. Duele ver la impunidad de quien practica la tortura y duele ver la pasividad de jueces y pol�ticos que de este modo la protegen y la aseguran mientras pretenden dar lecciones de �tica y moral. Pero no es ese dolor lo que quisiera reivindicar.
La reivindicaci�n es clara: la tortura ha de terminar y para ello el r�gimen de incomunicaci�n que se aplica a detenidos por motivos pol�ticos ha de terminar. Y es que esta incomunicaci�n, que impide que la familia del detenido pueda saber por qu� y d�nde est� detenido, que impide que pueda ser asistido por un abogado de su propia designaci�n, que permite que la detenci�n pueda durar hasta cinco largos d�as y que, de hecho, impide cualquier conocimiento o incidencia que pueda tenerse sobre esa situaci�n, no es m�s que el muro que asegura que la tortura se lleve a cabo y que quien la lleva a cabo quede en la absoluta impunidad.
El camino es, sin duda, el de la exigencia del fin de esta cruel pr�ctica, el de la exigencia de responsabilidades pol�ticas, el de la denuncia y el de la movilizaci�n. Y en este camino cada vez somos m�s las personas que nos vamos encontrando y muchas m�s, sin duda, las que nos vamos a encontrar. �sta es la �nica forma, y la va a ser, de que esta infame pr�ctica, m�s pronto que tarde, termine.
Mientras as� ocurre, vaya por delante mi cari�o y mi abrazo a todos y todas las que hab�is sufrido esta infinita violencia del Estado y mi convencimiento absoluto de que el devenir de las cosas pondr� a cada cual en su lugar.