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El escenario establecido por Estrasburgo hace que este pulso sea insostenible

En el tema de los presos pol�ticos vascos, el Gobierno espa�ol tiene una �ventaja competitiva� objetiva: tiene la llave de las c�rceles. Eso le hace pensar que puede controlar la situaci�n, marcar los tiempos, establecer las normas, incluso salt�rselas. Tambi�n cree poder abstraerse del contexto pol�tico, incluso del jur�dico, como ha demostrado el caso de la condena contra Espa�a dictada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos a cuenta de la cadena perpetua de facto. Pero la realidad se impone. Se va a imponer en el caso de Iosu Uribetxebarria y se impondr� en el caso de los presos a los que se ha aplicado la denominada �doctrina Parot�. El Estado puede jugar la carta de la crueldad, pero no le sale gratis, ni en Euskal Herria ni en el plano internacional.

Si el Ejecutivo pretend�a bloquear el proceso pol�tico paralizando uno de los puntos que la izquierda abertzale y los asesores internacionales hab�an puesto a la cabeza de la agenda pol�tica del proceso de transformaci�n del conflicto, lo cierto es que hoy por hoy el tema de los presos pol�ticos se ha situado como una prioridad. Ha sido precisamente el Gobierno espa�ol, con sus err�neos c�lculos y sus decisiones guiadas por el esp�ritu de venganza, el que le ha dado rango de urgencia. El escenario establecido por la sentencia del TEDH, que en unas pocas semanas puede ser ineludible, marcar� el sino de la batalla por la legitimidad en este terreno.

Una de las grandes victorias de la nueva estrategia de la izquierda abertzale, despu�s de que la Declaraci�n de Bruselas equilibrase las condiciones y abriese la puerta a que esa nueva l�nea pol�tica se desarrollase, estabilizase y empezase a dar sus primeros frutos, es que la unilateralidad proactiva quiebra las ventajas objetivas, revierte la descompensaci�n de fuerzas, revienta los esquemas prefijados. Porque frente a esa unilateralidad proactiva solo cabe responder proactivamente. De lo contrario se paga una severa factura pol�tica. La unilateralidad reactiva, entendida como lo ha hecho el Estado de Israel con los palestinos, no sirve en este contexto. Tener la llave solo da responsabilidad, no privilegios.

Un pulso socialmente perdido de antemano

Pese al verg0nzoso silencio de Patxi L�pez durante esta crisis pol�tica -este preso no deja de ser un ciudadano vasco que est� siendo cruelmente tratado en base a una pol�tica de venganza que �l dice no compartir-, pese al lamentable planteamiento del PNV durante los d�as que est� durando la huelga de hambre de Iosu Uribetxebarria -�realmente su preocupaci�n es que esto se convierta en un �espect�culo�? �ni la vida de Uribetxebarria, ni los derechos humanos, ni siquiera la ley?-, pese a la exquisita sa�a mostrada por UPN al respecto -y eso que, en el Estado espa�ol, ser �el m�s duro entre los duros� resulta siempre dif�cil-, lo cierto es que en Euskal Herria la cuesti�n de los presos enfermos, la de los que tienen cumplida la condena, o la de quienes la tienen injustamente alargada no est� resuelta, pero est� �amortizada�. Ni qu� decir de la de quienes han sido encarcelados por realizar una actividad pol�tica p�blica. Est� amortizada en la medida en que socialmente una gran mayor�a que abarca las bases de casi todo el arco pol�tico est� a favor de la liberaci�n inmediata de esas personas. La mayor�a de ellos no van a hacer nada m�s que expresar esa opini�n, si surge la ocasi�n. Pero tampoco entienden que sus representantes no sean m�s asertivos al respecto, aunque solo sea porque lo contrario les debilita social y pol�ticamente. Los coloca en una posici�n dif�cilmente sostenible p�blicamente. Los aboca a la demagogia, y ah� pierden porque la parcialidad en estos temas ha sido tal que siempre habr� alguien que les recuerde a Galindo, a Amedo o a �ngel Duce.

Pero, es m�s, esa mayor�a social tambi�n est� a favor de la liberaci�n de todos los presos pol�ticos dentro de un acuerdo sobre esta cuesti�n. La sociedad vasca tiene, en general, una cultura pol�tica e hist�rica suficiente como para saber que en todo proceso de normalizaci�n ese paso debe darse, antes o despu�s, mejor antes que despu�s. Con condiciones, es decir, dentro de unos acuerdos, pero debe darse. Los intentos de los portavoces de los partidos por mantener esa trinchera son continuamente desbordados por sus propias bases, que no entienden por qu� sus dirigentes no aplican la unilateralidad, siquiera para recuperar el terreno pol�tico perdido. Mientras tanto, las estructuras partidarias intentan ejercer de guardianas de esencias que las condiciones pol�ticas han evaporado hace tiempo. No existe tap�n que pare el cambio pol�tico en marcha.

Por ley, por humanidad, por c�lculo...

Iosu Uribetxebarria debe quedar en libertad cuanto antes para poder morir con dignidad rodeado de los suyos. No va a ser el �ltimo preso pol�tico que salga en las pr�ximas fechas en cumplimiento de la ley, y lo saben, por lo que mejor har�a el Gobierno en reconsiderar su estrategia y empezar a virar, no solo para la galer�a internacional, sino tambi�n para su parroquia. La parte m�s beligerante de esta se lo est� poniendo dif�cil, pero ceder a esa presi�n es una muestra m�s de su debilidad.

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