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Patxi Agirregomezkorta | Director de euskaltegi

Política lingüística: balance de una legislatura

«Euskera en libertad» sería un buen lema para los euskaldunes, pues son los únicos que no gozan en manera alguna de la susodicha libertad para utilizar el euskera

Ahora que ha comenzado el nuevo curso en los euskaltegis y que se acaba la legislatura me parece un buen momento para hacer una valoración sobre lo que se ha hecho para promocionar el aprendizaje del euskera.

El descenso en las matriculaciones de este curso es consecuencia principal de las decisiones tomadas en esta legislatura. Hay que reconocer que la estrategia ha sido sofisticada, y se ha utilizado un tipo de armas nada cruentas. Al igual que el Gobierno americano hizo con los indios de las reservas, se han tomado una serie de medidas demagógicas destinadas a desactivar y neutralizar, mediante una serie de «regalos» (envenenados), las posibles reivindicaciones de corte nacionalista. Veamos algunos ejemplos prácticos.

Se ha dado bombo y platillo a las distintas presentaciones públicas. ¿Pero que más se ha hecho? ¿Alguien es capaz de decir cual ha sido la política lingüística? ¿Acaso han sido las calculadas declaraciones del consejero de Sanidad en las cuales siempre ha abogado por quitar valor al euskera alegando que hay que contratar a buen personal? Los euskaldunes estamos hartos de que se nos trate como a idiotas; se ha llegado a decir que preferimos un bertsolari a un cirujano en un hospital, cuando lo único que queremos es ser atendidos en euskera por profesionales. Lo que es innegable es que ser euskaldun no impide ser buen médico/cirujano. Aplicando el símil, se podría afirmar que se prefiere un buen socialista a un euskaldun.

No se ha mejorado el nivel de euskera del alumnado vasco porque no se ha hecho nada para conseguirlo; pero se les ha regalado un pseudotítulo, de manera que todo el mundo esté orgulloso de tenerlo y parezca que así sabemos mucho más. No nos engañemos; es el mayor timo lingüístico que se le puede realizar a una sociedad. Se ilusiona a una sociedad completa con un supuesto título, sin que nadie tenga datos objetivos del nivel del alumnado de este país, porque como dijo la consejera de Cultura en el Parlamento, «el nivel obtenido es evidente» (como el valor en el Ejército). Con argumentos tan sesudos no vamos a ninguna parte, pero no vamos ni nosotros ni nadie que quiera hacer algo positivo.

Otra cantinela repetida hasta la saciedad ha sido la de las nuevas tecnologías, ¡qué bonito queda! Pero a la hora de la verdad, cuando hemos pedido ayudas para inversiones en ellas, nos hemos quedado colgados en programas comparables a los que se aprobaron la legislatura anterior. Buenas palabras, pero pocos y malos hechos.

«Euskera en libertad», gran lema que intenta manipular. La libertad jamás será que cada uno haga lo que quiera cuando quiera y como quiera, porque no podemos olvidar que vivimos en un grupo social. Si nuestra sociedad es bilingüe, tal y como recoge el Estatuto, no puede obligar a ningún particular a hablar en la «otra» lengua cuando va a relacionarse con la Administración o cuando va de compras; sin embargo, esta afirmación tan sencilla «obliga» den- tro de la teoría de «Euskera en libertad» a hablar en castellano a los bilingües por razones «prácticas», de manera que la situación se perpetuará. De esta manera, no es obligatorio atender en euskera en ningún sitio. Los bilingües son euskaldunes y castellano hablantes, por tanto, ¿para qué traducir al euskera las cosas si los bilingües ya entienden el castellano? Sería un grandísimo lema para los euskaldunes, pues ellos son los únicos que no gozan en manera alguna de la susodicha libertad para utilizar el euskera.

Los euskaltegis no tendrían por qué quejarse. Se ha hecho un «plan estratégico» exclusivo para los mismos, pero como el plan carecía de estrategia, no ha propuesto ninguna actuación, simplemente se ha «constatado» que los euskaltegis van a tener menos alumnado los próximos años y que por tanto el porcentaje de las ayudas actuales será mayor. Pienso que independientemente de que eso suceda o no, ha sido ese precisamente el deseo de los responsables políticos. Públicamente se les ha llenado la boca diciendo que los euskaltegis son necesarios, pero a la hora de la verdad, han demostrado que prefieren que desaparezcan de una manera silenciosa sin que parezca que ha sido responsabilidad de ellos. Ha sido el trabajo de una ETT barata para euskaldunizar a los profesionales que trabajan para el Gobierno, los mismos que ahora están «capacitados» para regalar los pseudotítulos antes citados.

Aprender una lengua siempre será positivo para la persona que lo haga, conocer otra lengua nos enriquece y nos ayuda a comunicarnos con los demás. Es una gran farsa la dicotomía inglés/euskera. ¿Por qué hay que optar? Aprender las dos o más nos ayudará.

Tal y como reza el refrán, «Otros vendrán que buenos nos harán». En vuestro caso, tengo el absoluto convencimiento de que habéis hecho buenos a los anteriores, pero espero y deseo que no suceda lo mismo con los próximos, porque hay demasiado trabajo por hacer.

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