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Maria Apellaniz, Mikel Saralegi | Miembros del grupo de trabajo de LAB por la diversidad sexual

Negociación colectiva también para la igualdad sexual

La pelea en favor del reconocimiento de la diversidad sexual en el mundo laboral no es un problema de Maite, Garazi y Juanan. Lo es del conjunto de la clase trabajadora

Maite espera en la puerta del juzgado. Hace un mes denunció a su empresa. En sus manos la carta de despido: argumentaban que no llegaba a la producción. Maite sabe que esa no es la razón. Juanan siente que vive una vida paralela. En la fábrica aguanta en silencio los chistes, los comentarios e inclusos los insultos homófobos que sus compañeros hacen a cuenta del caminar del chico de la empresa de mensajería rápida cuando va por los pasillos de la nave. Fuera de la fábrica, se autocastiga por no tener la suficiente fuerza para defender al chico y defenderse a sí mismo. Garazi empieza una nueva vida. Hoy vuelve a su puesto de trabajo después de una larga baja. Por fin hoy Garazi siente que va a ser vista como Garazi (la que siempre ella ha sido, el «papelito» que lleva en la cartera por fin le da la razón, ella nunca lo necesitó). El miedo le retiene en la puerta. No sabe si tendrá la suficiente fuerza para atravesarla y dirigirse al vestuario de la derecha, vestuario al que hasta hoy no se le había permitido el usar».

Maite, Garazi y Juanan son personajes ficticios, nos los hemos inventado. Pero ni sus historias, ni sus sufrimientos, ni sus realidades son fruto de nuestra imaginación. Son reales, ¡existen! Lo que Maite, Garazi y Juanan tienen en común es vivir bajo un modelo que niega la diversidad sexual. Lo que las compañeras y compañeros de trabajo de Maite, Garazi y Juanan tenemos en común es el reto por construir espacios para que las personas puedan expresar con normalidad su afectividad y su sexualidad sin pérdida de derechos laborales.

Los centros de trabajo se han convertido en grandes armarios. Lo han sido y lo son aún más en estos tiempos de ofensiva del capital contra la clase trabajadora. Tiempos de chantaje, presión, amenaza de paro, despidos. Tiempos donde la reforma laboral se pone del lado del poder empresarial para que éste pueda eliminar derechos, reducir salarios, acabar con los convenios sectoriales y debilitarnos en las empresas.

En este contexto, en el que desde las empresas se busca una clase trabajadora dócil, atemorizada, individualizada y fragmentada también se pretende arrinconar todo el trabajo y la pelea de años para conseguir la mejora de las condiciones laborales. Muchas cosas les molestan. Les molesta la defensa del derecho a la salud, ya que es más importante el negocio que la vida de las trabajadoras y trabajadores. Les molesta la pelea por superar la discriminación sexo-género, ya que es más rentable mantener la desigualdad salarial y el trabajo gratuito de las mujeres en el ámbito doméstico.

De la misma forma, también les molesta todo proceso en favor de la igualdad relacionada con la orientación sexual. Si había miedo a ser rechazados y rechazadas a la hora de pedir un empleo o ser víctimas de un despido, ahora se quiere que haya más. Si había temor a manifestar la orientación sexual para no llamar la atención y ser discriminados, ahora se pretende que haya más. Si había freno para pedir prestaciones y permisos al igual que las personas heterosexuales, ahora se busca que haya más. El riesgo de sufrir situaciones de acoso o discriminación por motivo de sexo o género en los centros de trabajo funciona como un potente mecanismo de control y sumisión al poder empresarial.

Por ello, en este 28 de junio, día de la liberación sexual, la lucha, nuestra pelea no puede situarse al margen de tres cuestiones que marcan el panorama sociolaboral actual:

Por un lado, hay que abrir y ampliar el trabajo de denuncia de todo tipo de discriminación que se den en las empresas. Tenemos muchas cosas pendientes. La situación económica actual no debe ser un freno. Hay que empezar a extender y abrir peleas allá donde la discriminación relacionada con la orientación sexual exista.

La defensa de la negociación colectiva y de los convenios sectoriales es fundamental. Estamos hablando de ponerle frenos a la reforma laboral, y con ello poder estar en mejores condiciones para defender mejor el salario, la salud laboral, el reparto del trabajo, y también, la igualdad relacionada con la diversidad sexual.

Por último, nuestro compromiso con la carta de los derechos sociales de Euskal Herria. No queremos una Euskal Herria basada en la injusticia, la exclusión y la discriminación. También los derechos a la igualdad de trato, respeto y dignidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales tienen que estar ahí presentes, frente al modelo neoliberal, heterosexual y patriarcal.

Como decíamos al principio, la pelea en favor del reconocimiento de la diversidad sexual en el mundo laboral no es un problema de Maite, Garazi y Juanan. Lo es del conjunto de la clase trabajadora. Nos vemos el 28 de junio en la calle.

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