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Mongolia seguirá abierta a la inversión extranjera occidental

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El presidente de Mongolia, Tsakhia Elbegdorj, se ha asegurado cuatro años más en el cargo al vencer en las presidenciales frente a una oposición excomunista dividida.

Elbegdorj, del Partido Demócrata de Mongolia (PDM) y jefe del Estado desde 2009, se impuso con el 50,2% en primera vuelta al histórico campeón de lucha libre Badmaanyambuu Bat-Erdene, del Partido del Pueblo Mongol, la formación que dirigió el país entre 1921 y 1996), que logró un 41,9%. Natsag Udval (Partido Revolucionario del Pueblo Mongol), la primera mujer que aspiraba al cargo, obtuvo el 6,5%.

En 2009, el PDM derrotó al entonces aún no escindido PRPM por sólo 4 puntos, pero en 2010 miembros de la formación excomunista abogaron por eliminar la palabra «revolucionario» del nombre del partido y otros pedían que se mantuviera, lo que unido a diferencias ideológicas forzó la actual división.

Líder de las protestas que entre 1989 y 1992 contribuyeron a la caída del sistema comunista mongol, Elbegdorj es adalid de la entrada masiva de capital extranjero.

Precisamente la redistribución más equitativa de los ingentes recursos mineros del país ha centrado la campaña en un país con la menor densidad de población del mundo (3 millones de habitantes en una extensión tres veces superior a la del Hexágono) y en el que un tercio de la población vive aún bajo el umbral de la pobreza.

Y eso que la economía creció en 2011 un 17,5% (récord mundial) y un 12,.3% el año pasado. Pese a ello, y frente a fortunas colosales, el salario medio no llega a 200 dólares.

Trasnacionales como Río Tinto han desembarcado en un país hasta hace poco nómada con inmensos recursos en oro, carbón y cobre.

Elbegdorj ha estrechado lazos con Japón y EEUU en un intento de sacudirse el histórico padrinazgo de los dos gigantes vecinos, Rusia (en su día la URSS) y China.

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