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Raimundo Fitero

Sainete

 

Es adictivo. Mirar la televisión y ver el desfile de guiñoles de carne y hueso aparentando ser los que mandan en sus vidas y en sus gobiernos es un acto de fe. Estos personajes menores, secundarios con ínfulas, episódicos, Urkullu, Rajoy, Mas, sus portavoces y palmeros forman una suerte de sainete adictivo. Solamente se sienten mal porque Belén Esteban les gana en porcentaje de audiencias, pero porque juegan en la misma cancha de comunicación: la nadería, la verborrea, el creer que los problemas no existen y que, por si acaso, ellos son la solución a lo que no existe.

Pero si algo impide atender mejor a las ofertas de ficción televisiva, son las ofertas de ficción partidistas. La interpretación de los sueños de Freud es un prospecto de homeopatía comparado con la interpretación de los números del paro de los gobiernos y sus oráculos de plantilla. Con una nueva ley del deporte entre manos las mentiras contables son más atractivas que las mentiras futbolísticas. Si estábamos hasta hace poco en crecimiento negativo, ahora estamos en el final de la recesión positiva. Y si hay que celebrar que solamente existen en el Estado español cinco millones novecientos mil parados, pues se hace, aunque sea con una manifestación de la AVT contra los obispos y a favor del gin tonic sin cardamomo, por favor, no arruinen el sabor de la ginebra.

El sainete alcanza niveles históricos con el caso Bárcenas. Un hombre disfrazado de cura entra en la casa familiar de Luis Bárcenas en Madrid, secuestra o así al hijo y a la esposa del preso político que llevaba los sobres de los dirigentes de la Cosa, pide el pendrive de las documentaciones comprometedoras, es reducido por el hijo, aparece la policía, y se dedican a contarse y contarnos más mentiras. Una chapuza más, con tintes de folletín. Un montaje ridículo. Crece la leyenda. Crece la descomposición. Resulta que el supuesto cura tiene antecedentes penales relacionados con asuntos turbios en Salta, Argentina, donde está la maravillosa finca La Moraleja, propiedad de Ángel Sanchis, el anterior jefe de las finanzas de la banda organizada. Todo muy ejemplarizante, todo muy adictivo. Pero para las moscas.