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Gara > Idatzia > Iritzia > Gaurkoa 2006-03-30
Sabino Cuadra - Abogado
Nafarroa: poner el reloj en hora

Cuando se enunció el alto el fuego de ETA, éste sorprendió a nuestro presidente del Gobierno, Miguel Sanz, en Lisboa, a donde había ido por la celebración en esa ciudad del V Centenario de San Fco. Javier. Sanz, a quien se le ha parado el reloj de arena de la historia en 1512 (edad similar a la de la cecina incorrupta del Santo), y el de cuerda en 1936, se desmelenó una vez más y afirmó arrastrando sus palabras que «Navarra nunca ha de ser moneda de cambio...», en un tono y con un gesto que recuerda un tanto a aquel «... y no me temblará el pulso», del nunca olvidado Generalísimo de los Ejércitos.

Comparto buena parte de las críticas de quienes han achacado a ETA y a la izquierda abertzale el andar con la hora cambiada durante un tiempo, especialmente en los años inmediatos a la ruptura de la tregua. Lo que entonces se decía (Asamblea Constituyente Vasca,..) y se hacía (huelgas generales, endurecimiento y ampliación de las acciones militares...) no se correspondía con la situación que vivía nuestro pueblo, y los necesarios pasos a dar de cara a recomponer las propias fuerzas, debilitar las del contrario y abrir vías que posibilitaran que el propio pueblo vasco participara de una forma mucho más directa en la solución del conflicto.

Sin embargo, tras aquello, distintas iniciativas tomadas por la izquierda abertzale (Eztabaidagunea, propuesta de Bergara, iniciativa de Anoeta...), así como de ETA (alto el fuego en Catalunya, cese de atentados contra cargos electos, tregua...) unidas al continuado trabajo de cocina realizado en los últimos años y al mantenimiento, a pesar de la más dura represión, de una constante movilización popular y social, han permitido, minuto arriba, minuto abajo, poner el reloj en hora, de cara a abordar las tareas que exige el nuevo período que se está abriendo para Euskal Herria.

En esta nueva situación hay, sin embargo, quienes continúan con el reloj parado en los tiempos del Preautonómico de 1977 y el Estatuto de Gernika, aquel del que Euskadiko Ezkerra, cuyos restos descansan hoy en el PSE, dijo aquello tan clarividente de ‘‘Estatutoarekin Nafarroa Euskadin’’. Pues bien, se afirma de nuevo ahora que es preciso abrir dos mesas, en la CAV y Nafarroa (IU, Aralar, Elkarri-Lokarri), como si la experiencia no hubiera demostrado que esa estrategia solamente ha servido para afianzar aún más la división de Euskal Herria y, finalmente, terminar consolidando un proyecto autonomista vascongado, adornado de brindis vasquistas al sol en nuestra amejorada Nafarroa, pero vacíos ambos de contenido y proyecto nacional alguno.

Sin negar las especificidades políticas y sociales de Nafarroa, es evidente que el objetivo prioritario ahora debe ser poner en marcha un único proceso de negociación en el que se integren las distintas realidades y problemáticas que componen este país. Y eso, porque el conflicto que se vive, a pesar de expresarse de formas diferentes en Iparralde, la CAV y Nafarroa, tienen un tronco común único: la negativa a reconocer la existencia de un pueblo y su derecho a decidir libremente sobre su futuro. Se trata, pues, de dar marcha a un reloj, no a dos ni a tres, y mucho menos aún, dejar en manos de Ibarretxe, Sanz y Cía. la iniciativa para dar cuerda a cada uno de ellos. Por el contrario, el motor de este proceso debe estar en manos del conjunto más amplio posible de fuerzas políticas, sociales y sindicales de Euskal Herria, subordinándose a esta dinámica el trabajo institucional, y no al revés. Por último, que tras el fracaso absoluto de la Ponencia sobre Autogobierno del Parlamento Foral se emplace ahora a Sanz a convocar en Nafarroa una Mesa de diálogo, no deja de ser sino un despropósito político absoluto.

Aquí, en Nafarroa, poner en hora el reloj supone también resituar las alianzas que en su día se dieron en torno a Nafarroa Bai, por corresponderse con un período de asfixia de la izquierda abertzale que, en la medida que vaya superándose ­y se va a superar­, va a exigir asentar todo lo anterior sobre nue- vos parámetros políticos y organizativos. Y no sólo por eso, sino porque anunciar, como recientemente se ha hecho, que NaBai se va a presentar a las próximas elecciones forales y municipales, pero aplazando para «las próximas semanas ­ya han pasado seis­ los acuerdos programáticos y organizativos», supone poner el carro delante de los bueyes y apostar por avanzar a tumbos en este delicado momento. Los pasados patinazos, silencios y divisiones expresados en Na-Bai en torno a los sucesos del 11-M, la Constitución Europea, los Presupuestos del Estado de 2006, Itoiz, el AVE, etcétera... son más que suficientes como para seguir apostando por esta vía de indefinición.

En la reciente votación del Estatuto Catalán en la Comisión correspondiente del Parlamento español, EA votó en contra del texto negociado entre PSOE y CiU, mientras que PNV lo hizo a favor. Pues bien, ¿cuál es la postura de Na-Bai sobre este tema?, ¿qué votará finalmente Uxue Barkos cuando el texto sea llevado al Pleno del Parlamento español? Y pregunto esto porque es muy fácil afirmar que Nafarroa debe ser un ámbito propio de decisión y que la voluntad del pueblo navarro ha de ser soberana, pero esto puede convertirse en una frase hueca si luego, en la práctica, las posturas reales van del blanco al negro a la hora de valorar el estatuto PSOE-CIU que, no lo olvidemos, ha recortado substancialmente los aspectos más soberanistas del texto al cual dio su apoyo el 90% del Parlamento catalán.

La necesidad de echar a UPN del Gobierno de Navarra y de recortar el poder que la derecha ha logrado en tantos sectores sociales es algo que no tiene discusión. Pensar, en cualquier caso, que esto puede hacerse basándose en imprecisos proyectos autonomistas-navarristas, cuyo contenido social, además, no da siquiera los mínimos exigidos por un mínimo planteamiento de izquierdas, es apostar de entrada por un anunciado fracaso. Porque no es la reforma del Amejoramiento el objetivo a perseguir, sino trabajar para que la voz de nuestro pueblo, sin traba alguna, sea reconocida como plenamente soberana. Y no debe ser, tampoco, un mero «quítate tú para ponerme yo» nuestra meta, sino construir Nafarroa y Euskal Herria desde la izquierda. La política a impulsar en Nafarroa ante el PSN y UPN no puede estar asentada en cuentos de la lechera electoralistas, sino en impulsar un firme trabajo asentado en parámetros de izquierda y abertzales, y dirigido al conjunto de fuerzas políticas, sociales y sindicales aquí presentes. Lo demás es vender humo. -


 
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