Contenedores de ni�os y ni�as
He le�do recientemente en los peri�dicos la noticia de la detenci�n de la directora de una ludoteca de Vilanova i la Geltr�, y la clausura de dicho centro por el maltrato f�sico y psicol�gico que, presuntamente, ocasionaba a ni�os y ni�as menores de tres a�os. Esta noticia espeluznante ha salido a la luz. No s� todav�a cu�ntas permanecen en la sombra o que nunca llegar�n a ser noticia. �Cu�ntos contenedores hay en Navarra y en otras comunidades para ni�os y ni�as menores de tres a�os? No lo sabemos. Y es una ignorancia indeseada. A d�a de hoy no sabemos c�mo son las condiciones de escolarizaci�n de las criaturas peque�as en los centros (escuelas infantiles, guarder�as, casas amigas...) de nuestra Comunidad. No existe una regulaci�n normativa adecuada con los derechos de los ni�os y ni�as que vigile con rigor ciertos m�nimos que deber�an reunir todos los centros y los profesionales para asegurar que ninguna criatura sufra los perjuicios, puede que irreversibles, de un contenedor. El Departamento de Educaci�n, que es a quien corresponder�a regular estos centros, se lava las manos. Los ayuntamientos no quieren saber nada serio. S�lo en Pamplona existe una ordenanza (la n� 4) del 25 de mayo de 1994, pero est� perdida en el olvido. Nadie se acuerda de ella. No sabemos, siquiera, cu�ntos ni�os y ni�as menores de tres a�os acuden regularmente a centros en nuestra comunidad, c�mo y d�nde est�n. No lo sabemos. Pero s� sabemos que algunas criaturas est�n en contenedores. Hemos recogido, en la Plataforma ciclo educativo 0-3 a�os en Navarra, testimonios de padres, madres y educadoras que prefieren el anonimato por miedo a perder su empleo o a no poder encontrar otro. Son relatos desgarradores. En algunos centros hay personas sin titulaci�n, espacios inadecuados. En algunas guarder�as las criaturas son atadas a las silletas para que no molesten. Se hace creer a las familias que hay m�s educadoras de las que est�n con sus hijos e hijas. Se escatima la cantidad de comida de los ni�os para ahorrar. Se ofrecen programas en ingl�s o euskara cuando ninguna educadora tiene ning�n t�tulo que acredite su perfil ling��stico. Se escatiman juguetes a los ni�os y ni�as que s�lo se sacan al principio de curso para luego recogerlos. Tam- bi�n hay educadoras que cobran 550 euros netos mensuales. Y muchas educadoras no son sustituidas cuan- do est�n de baja. Es cierto que puede haber contenedores o no: tanto en los centros p�blicos como en los privados. El problema es que no lo sabemos. Es, ciertamente, una ruleta rusa. Pero s� sabemos c�mo evitarlo. Diversos estudios internacionales as� lo han demostrado. Sabemos que una inspecci�n, seguimiento y asesoramiento real del proyecto educativo evita caer en la tr�gica asistencialidad. Tambi�n sabemos que un control peri�dico exhaustivo y riguroso por parte de la Administraci�n de las titulaciones de los profesionales, de sus contratos laborales, de las horas de formaci�n, del n�mero de ni�os y ni�as por educador o educadora, y de las condiciones espaciales de los centros evitan que �stos sean meros contenedores. Los contextos espaciales, como han demostrado m�ltiples investigaciones, son condici�n sine qua non para el buen crecimiento f�sico y psicol�gico de los ni�os y ni�as. Esto implica una cualificada arquitectura, un adecuado n�mero de metros para cada alumno y alumna, espacios suficientes, accesibles y diversificados (lugares diferentes para comer, dormir, hacer actividades, lavarse las manos...) para todos y todas, seguros, bien iluminados, con una sonoridad y temperaturas id�neas, ventilados, est�ticos y, sobre todo, no masificados. Tambi�n significa espacios cotidianos al aire libre para que las criaturas oxigenen su cerebro y �ste se desarrolle de la mejor manera posible. El espacio-ambiente no es neutral ni independiente de un buen proyecto educativo. Tambi�n sabemos que los centros con total transparencia y gesti�n democr�tica por parte de las familias impiden que se conviertan en contenedores. Esto implica el acceso cotidiano y organizado de los padres y madres a todos los rincones del centro, que puedan entrar y salir del mismo, que puedan pasar un d�a o varios con sus hijos e hijas en los lugares en los que crecen. No inspiran, en cambio, ninguna confianza los sitios en que las familias tienen vetada la entrada regularmente, bajo cualquier excusa (por ejemplo: �es que los ni�os y ni�as lloran cuando el padre o la madre se marchan de la clase�). Tambi�n sabemos que si los y las profesionales cobran sueldos dignos, que entiendo que deben estar muy cerca de los que cobran los y las profesoras del segundo ciclo de infantil y primaria (alrededor de los 1.800 euros netos mensuales), existen muchas m�s posibilidades de formar equipos estables y no de que los centros de 0-3 se conviertan en un trasiego constante de personas que, cuando encuentran algo mejor y mejor pagado, se van. De esta forma, los ni�os y ni�as no pueden hacer v�nculos psicol�gicos estables con personas de referencia, lo que puede perjudicar gravemente su salud emocional. Tambi�n sabemos que, cada vez m�s, la educaci�n se convierte en un negocio. Y que es muy arriesgado que los ni�os y ni�as se transformen en mercanc�a para que empresas o personas tornen los centros de 0-3 en negocios lucrativos. Para el conjunto de los pa�ses de la OCDE, la ense�anza mueve, en el mercado, m�s de 900.000 euros al a�o, tanto como el mercado mundial del autom�vil. Tambi�n, desde el campo pedag�gico, sabemos que no es lo mismo educar que instruir. Educar, en su sentido etimol�gico, significa conducir fuera las capacidades o potencialidades de los ni�os y ni�as desde el nacimiento. Respetar su ritmo, su cultura, sus ideas, y su particular forma de aprender. Instruir, en cambio, es tratar de llenar desde fuera al educando de conocimientos, algunos totalmente banales o in�tiles. Con la instrucci�n al ni�o o a la ni�a se le pueden ense�ar f�cilmente colores, nombres de artistas, palabras en diversos idiomas o a dar volteretas. Parece que sabemos muchas cosas, pero no sabemos lo m�s importante. Repito: las condiciones de escolarizaci�n de todos los ni�os y ni�as menores de tres a�os en Navarra. Y esto es un terrible riesgo. Un riesgo evitable si las Administraciones, hasta ahora indiferentes, toman cartas en el asunto, legislan con seriedad y vigilan con rigor y minuciosidad todas las condiciones de todos los centros para dignificar y desarrollar los derechos edu- cativos de la infancia. En todos los lugares p�blicos y privados. La buena voluntad y el cari�o son muy importantes, pero absolutamente insuficientes para asegurar la calidad de los centros educativos. A d�a de hoy, en cambio, tal como est�n las cosas de Palacio, el juego de probabilidades no enga�a. Hay m�s posibilidades de que los centros p�blicos no sean contenedores. En los privados, con todo el respeto y admiraci�n sobre todo a quien mantiene un planteamiento �tico en estos centros, simplemente hay m�s riesgo de que, en la pr�ctica (que es donde las palabras no enga�an), sean meros contenedores. Vilanova i la Geltr�, despu�s de todo, no est� tan lejos. -
|