GASTEIZ
La muestra que se inauguró el jueves está presidida por el primer autorretrato que se conoce del pintor, realizado aproximadamente en 1773, probablemente con motivo de su boda. El cuadro, un óleo, es el primero de los 25 autorretratos que Goya realizó a lo largo de su vida. La pieza va acompañada del grupo completo de litografías (cuatro piezas en total) ‘‘Los toros de Burdeos’’, que fue acometido por un Goya ya anciano, a la edad de 79 años.
Además, se exponen otros 28 grabados, pertenecientes a las cuatro series que el conocido autor pintó a lo largo de su carrera: hay nueve correspondientes a los ‘‘Caprichos’’, dos a ‘‘Tauromaquias’’, once a ‘‘Desastres’’ de la guerra y seis a ‘‘Disparates’’.
Cronológicamente, los primeros grabados de Goya son los conocidos como ‘‘Caprichos’’, cuando el artista mantenía el optimismo de la ilustración y la fe en que la razón cambiaría el mundo.
En los grabados expuestos en Gasteiz se pueden admirar a varios asnos, que ironizan sobre la ignorancia que el artista quería desterrar de la sociedad española.También hay lugar para la crítica social, como en el grabado ‘‘Dios la perdone, era su madre’’, en el que una joven se niega a dar limosna, o en ‘‘Por qué esconderlos’’, ante un pobre rodeado de ricos.
El segundo grupo de grabados contiene los sobrecogedores ‘‘Desastres’’ de la guerra, en los que los títulos irónicos dramatizan aún más el impacto visual de la barbarie humana.
Cuerpos descuartizados bajo el título ‘‘Grande hazaña’’ o la rapiña de cadáveres con el comentario ‘‘Se aprovechan’’ hacen referencia en once grabados a la crueldad bélica.
La tercera serie de grabados es la de ‘‘Tauromaquias’’, realizada tras la guerra, cuando el mundo taurino vivió un renacer.En estos trabajos destaca el dramatismo de las faenas, la captación del movimiento de los toros y el estado nervioso de los toreros.
La última serie, de la que se pueden contemplar seis grabados, es la titulada ‘‘Disparates’’, difícil de interpretar porque las obras no tienen un nexo de unión aparente. Muestran a un Goya más pesimista, con imágenes de miedo o monstruos, como ‘‘El bobalicón’’.