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Gara > Idatzia > Jendartea 2006-09-02
Misión europea a la luna
La sonda Smart-1 impactará esta noche en el Mar de la Tranquilidad
Será de madrugada. La sonda europea Smart-1 será estrellada contra la superficie lunar después de dieciséis meses de orbitar el satélite terrestre en lo que ha sido el regreso de la carrera espacial a la Luna. El choque será aprovechado por telescopios de todo el mundo para captar el polvo que levante y así poder analizar su composición. Será su última misión, después de tres años de investigación.

GASTEIZ

Si alguien encendiese una cerilla en la Luna, los astrónomos localizarían la hipotética llama. Pues bien, si la próxima madrugada observamos atentamente a nuestro satélite y nos ayudamos de algún potente telescopio, puede que veamos el destello de la sonda Smart-1, de la Agencia Espacial Europea, al aterrizar o, mejor dicho, colisionar ­lo hará a una velocidad de dos kilómetros por segundo­ contra la superficie lunar. Se espera que este hito histórico de la aeronáutica europea ocurra sobre las 7.45, hora de Euskal Herria, sobre el Mar de la Tranquilidad, aunque debido a lo desconocido que resulta la orografía del satélite, puede que el contacto inicial se produzca hasta cinco horas antes, es decir, sobre las 2.37 horas.

Sea como fuere, las miradas de todos los astrónomos, profesionales y aficionados, y telescopios del planeta estarán puestas en ese final de la Smart-1, la primera sonda europea en retomar de nuevo la carrera lunar. Lo hizo el 27 de setiembre de 2003, desde la Guyana francesa, y pondrá punto y final a su misión justo tres años después, cuando lo previsto era un viaje de sólo seis meses. Sin embargo, su magnífico funcionamiento ha posibilitado alargar su actividad muy por encima de lo previsto.

Quizá uno de los secretos de este éxito radique en que ha utilizado ¡60 litros de combustible! para recorrer cien millones de kilómetros. ¿El secreto? Que estamos ante la primera nave espacial que funciona con energía solar. Después de 16 meses recopilando resultados científicos en órbita elíptica alrededor de los polos lunares (a distancias de 300 a 10.000 km), la misión está a punto de concluir. Cuando se esté aproximando a la superficie lunar, enviará sus últimas fotos y datos. Nos permitirá observar la Luna muy de cerca. Incluso el polvo lunar que levante ­abrirá un cráter de entre cinco y diez metros de diámetro y un metro de profundidad­ podrá ser estudiado y analizado desde los telescopios terrestres.

Son muchos los proyectos que han acompañado en estos tres años a la Smart-1. Pero para el gran público poco familiarizado con la astronomía y la ciencia espacial, resulta interesante saber que la detección de calcio en la superficie lunar por parte del instrumental a bordo de la nave, ha vuelto a impulsar la teoría de la formación de nuestro satélite natural por el impacto de un objeto del tamaño de Marte, en los inicios del Sistema Solar, algo que sucedió hace 4.500 millones de años. Esta indagación abre la puerta a las interrogantes sobre la procedencia del objeto que colisionó con la Tierra; se sabe que el 85% de la masa de la Luna procede de aquel cuerpo y sólo un 15% de la Tierra.

El Smart-1 de la ESA es actualmente el único satélite artificial que gira alrededor de la Luna, y no hace sino preparar el terreno para la flota internacional de orbitadores lunares que se lanzará a partir de 2007. Todas las agencias espaciales miran a la Luna de nuevo. No sólo para orbitar, sino para posarse allí y volver a repetir la hazaña de Amstrong y Aldrin de poner pie en el polvo lunar. Los chinos quieren ser los primeros en hacerlo. La NASA no lo hará antes de 2020, se dice.

En cualquier caso, la Smart-1 se antoja el primer peldaño de lo que en el futuro se espera sean las primeras avanzadillas o bases humanas permanentes en la Luna, desde donde prolongar la carrera espacial hacia un objetivo a más largo plazo: Marte. Hoy es ciencia-ficción, pero mañana, casi nadie duda de que será posible.



¿Por qué el 3 de setiembre?
La respuesta a la fecha elegida para el impacto nos la da el divulgador científico Félix Ares. «En ese momento, la Luna estará muy cerca del cuarto creciente, lo que se ha considerado ideal. Debemos tener en cuenta que la nave va a chocar con el suelo lunar y que dicho impacto va a ser seguido por potentes telescopios. Es importante que puedan ver y analizar el polvo que se produzca. Eligiendo cuarto creciente, la luz no es excesiva y hay muchas horas para observar. Además, se ha elegido que el impacto tenga lugar en la parte oscura del «terminator» ­la zona donde se pasa de la Luna iluminada a la oscura­ y así se podrá ver mejor ese polvo, iluminado por la luz solar. -



La soviética «Luna 2» (1959) estrenó la Luna

GASTEIZ

En 1959, una nave espacial cayó del cielo lunar y golpeó el suelo cerca del Mar de la Serenidad. La nave espacial se hizo añicos, pero su misión fue un éxito. Luna 2, de la Unión Soviética, se había convertido en el primer objeto hecho por el hombre en alunizar en la superficie de nuestro satélite. Es decir, que la Smart-1 no será la primera nave europea de la historia en impactar en nuestro satélite. Luna 2 marcó la pauta a seguir: forzar choques contra la Luna intencionadamente. Desde entonces, docenas de naves espaciales lo han hecho.

Las primeras naves espaciales suicidas de la NASA fueron los Rangers, a principios de la década de los 60. En cinco ocasiones, estas naves espaciales de tamaño comparable al de un automóvil, se precipitaron contra la Luna al tiempo que sus cámaras tomaban fotografías durante todo el trayecto de bajada. Estas cámaras capturaron las primeras imágenes detalladas de cráteres lunares, de rocas y suelo, y después, la nada. La información transmitida de regreso a la Tierra acerca de la superficie lunar fue crucial para el éxito de posteriores misiones Apollo.

La Luna se convirtió en un conveniente cementerio para viejas naves espaciales. Los cinco orbitadores lunares de la NASA (1966-1972), cuatro de las sondas lunares soviéticas (1959-1965), dos subsatélites Apollo (1970-1971), la nave espacial japonesa Hiten (1993) y la sonda Lunar Prospector de la NASA (1999), terminaron en cráteres creados por sí mismos.

Ahora, la NASA proyecta un temerario plan para encontrar agua en la Luna, y lo hará ­como es de suponer­ chocando naves contra su superficie. El primer envío de una sonda se prevé para finales de 2008. Se espera que haga un cráter de 20 km de ancho y levante una columna de detritus rocoso de hasta 40 kilómetros de alto.



La curiosa historia de los barcos alemanes que llegaron a la Luna

GASTEIZ

La historia de la Luna está plagada de múltiples curiosidades, como la más reciente que nos hablaba del extravío de las cintas originales del Apollo XI donde, entre cientos de grabaciones, Neil Amstrong dijo aquello de «un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la Humanidad». Sin embargo, en el recomendable libro ‘‘E=mc2: La biografía de la ecuación más famosa del mundo’’, de David Bodanis, se puede leer una de las más sorprendentes anécdotas que tienen que ver con ese, nuestro aún muy desconocido, satélite terrestre.

Según se hace eco el conocido experto lunar Paco Bellido en su bitácora “Un beso en la Luna”, resulta que el acero fabricado a partir de la explosión de la primera bomba atómica en 1945 contiene trazas de elementos radiactivos. Esto es debido a que en la fabricación del acero se emplea una enorme cantidad de aire que transfiere su radiactividad al acero y para construir detectores de radiactividad se necesita un acero que esté libre de esta radiación adicional. ¿De dónde se obtiene ese acero? Hasta el momento una buena parte de este material se ha obtenido de los barcos del kaiser Guillermo II.

Pues a partir de aquí es como parte de los buques de guerra alemanes de la Primera Guerra Mundial llegaron a la Luna. En 1919, la flota imperial alemana se había rendido a Gran Bretaña y se hallaba confinada en el fondeadero de la Royal Navy en Scapa Flow, al norte de Escocia. Tras varios meses de ansiosa espera, ­pendientes de una decisión sobre su futuro en el Tratado de Versalles­, el almirante alemán creyó que los británicos se iban a incautar de su flota, por lo que envió una señal codificada acordada de antemano y los alemanes echaron a pique todos los barcos. Se hundieron 51 naves, y los nueve marineros muertos fueron las últimas bajas de la Primera Guerra Mundial.

Reflotar los buques hundidos

Pero Scapa Flow ­donde hoy podemos encontrar, entre otros atractivos turísticos, un cementerio marino­ no es muy profundo (por eso se había elegido como fondeadero) y allí quedaron sumergidas cientos de miles de toneladas de acero de muy buena calidad, esperando a sólo unos metros o decenas de metros de profundidad. En los años veinte y treinta se reflotaron algunos navíos: los buzos soldaron los orificios abiertos, se instalaron gigantescas cámaras de aire y algunos de los buques medio sumergidos fueron remolcados hasta los muelles de Rossyth, en el Firth of Forth. Fue una iniciativa privada a cargo de un ingeniero de nombre Ernest Cox, que compró y rescató hasta 43 naves.

Después de 1945, lo que quedaba cobró un valor especial. Se necesita mucho aire para fabricar acero, y todo el acero fabricado después de Hiroshima alberga algo de la radiación producida en las explosiones atómicas al aire libre; el anterior a 1945 no. Hasta ese momento, tres acorazados y cuatro cruceros ligeros de la que un día fue gran flota del Kaiser en Scapa Flow.

No existe ninguna ventaja en su utilización para usos ordinarios, ya que es mucho más barato fabricar acero nuevo, pero para monitores de radiación extremadamente sensibles como los empleados en naves espaciales, ese acero fabricado antes de la explosión de Hiroshima resulta indispensable.

El equipo que la misión Apollo dejó en la Luna, así como parte de la sonda Galileo que llegó a Júpiter y hasta la sonda Pioneer que ya ha superado la órbita de Plutón y se encamina hacia las profundidades siderales, todos ellos contienen parte de la flota del Kaiser, ese acero recuperado en Scapa Flow. Evidentemente, el precio de este acero es muy elevado, por ello el proyecto de recuperación de unos cien submarinos U-boat en las costas de Escocia es económicamente complicado y se está estudiando su realización desde 1995.


 
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