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«Este último atentado responde a las recientes acciones de Teherán»

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Ismail Amiri
Miembro del Cté. Central del Movimiento Nacional Baluche (Zrombesh)

El atentado del pasado domingo en Baluchistán Occidental nos recuerda, una vez más, la terrible situación a la que se ve sometida el pueblo baluche. La acción fue reivindicada por Jundallah, una controvertida organización sunita con la que no se debe confundir la resistencia de todo un pueblo. Ismail Amiri, miembro del movimiento baluche Zrombesh, desvela para GARA algunas de sus claves.

Karlos ZURUTUZA

Ismail Amiri nació baluche en Irán y pertenece hoy al cada vez más extenso grupo de exiliados políticos con residencia en Londres. Hace seis años pisó su tierra por última vez, tras cruzar la frontera de forma ilegal desde Pakistán. Sin embargo, lleva más de tres décadas trabajando desde Zrombesh, el mayor partido político baluche de Irán. Amiri habla para GARA del atentado del domingo en su Baluchistán natal, así como de la resistencia de un pueblo condenado a la asimilación en el rincón más remoto de la República Islámica.

¿Qué es Zrombesh?

El BNM (Movimiento Nacional Baluche), o Zrombesh, era un grupo armado que luchaba contra el régimen de los Pahlevi, ya antes de la revolución islámica de 79. Con la llegada de los ayatolás al poder, la represión obligó a muchos intelectuales a abandonar Irán. En nuestro caso, se trataba de un grupo muy reducido en comparación al resto del país ya que la nuestra era, y sigue siendo, la región más subdesarrollada. Muchos nos refugiamos en Karachi (Pakistán) o en Baluchistán Este. Fue entonces cuando Zrombesh pasó a constituirse en un partido político. Pero el segundo problema llegó cuando, durante la dictadura del general Zia, Islamabad declaró ilegal a Zrombesh. Naciones Unidas reconocía el estatus de refugiado político de nuestros miembros, gracias a lo cual muchos de nosotros recibimos asilo en países europeos.

¿Se puede hacer política en Baluchistán Oeste?

Las actividades «visibles» las llevamos a cabo desde el extranjero ya que, debido al terrible control de Teherán sobre Baluchis- tán, toda actividad política ha de desarrollarse en la clandestinidad. En tiempos del Sha se nos perseguía por ser baluches, pero hoy se le suma la diferencia religiosa. A diferencia de los persas en el poder, los baluches somos sunitas. Ante la brutal asimilación a la que nos vemos sometidos por Teherán, desde Zrombesh creemos que la independencia de Baluchistán es la única manera de asegurar nuestra supervivencia como pueblo. En nuestro último congreso del pasado mes de julio adoptamos la decisión de cooperar con el resto de la naciones de Irán (árabes, kurdos y azeríes) y unir fuerzas entre las distintas coaliciones baluches.

¿Cuáles son esas coaliciones?

Zrombesh es el grupo más extenso a la vez que el de mayor trayectoria pero también se encuentra el BPP (Partido del Pueblo Baluche), además de otras formaciones más pequeñas. A diferencia de nosotros, el BPP es favorable a la creación de un Irán confederal, algo que nosotros sólo contemplamos como un paso intermedio hacia la independencia total.

Sin embargo, Jundallah no lucha por la independencia, ¿no es así?

Es cierto. Jundallah es, en esencia, un grupo islámico sunita de corte wahabita que ha adoptado la lucha armada frente a la dictadura de los farsis chiítas en el poder. Por su visión del conflicto y su modus operandi podemos decir que en nada se diferencia del movimiento talibán. Desde Zrombesh no condenamos la lucha armada en sí misma sino la forma en la que Jundallah la lleva a cabo. Los atentados suicidas en los que muere gente inocente, las condiciones infrahumanas a las que someten a sus prisioneros, o su posterior ejecución, son algo que no compartimos ni nosotros ni la resistencia baluche en Pakistán.

¿Cuáles son, en su opinión, los antecedentes del atentado del domingo?

El atentado es una reacción directa ante los últimos movimientos de Teherán en Baluchistán Oeste. Allí no hay grandes núcleos de población ni una sociedad civil desarrollada que no sea la de los persas en Zahedan, la capital. Así las cosas, el régimen de Teherán busca conseguir la colaboración de los líderes tribales baluches a través de cualquier medio, sea la coacción o el soborno. De hecho, el atentado se produjo durante una reunión que mantenían estos últimos con los Guardianes de la Revolución.

Varios informes, tanto persas como estadounidenses, han denunciado la supuesta vinculación entre Jundallah y la CIA. ¿Qué opina usted?

Se ha especulado mucho sobre este asunto, pero lo cierto es que nadie tiene pruebas sobre dicha conexión. Sin embargo, sí que resulta llamativo que sus miembros gocen de una impunidad en Pakistán de la que no disfruta la insurgencia de Baluchistán Este, lo que lleva a muchos a pensar que el ISI (los servicios secretos pakistaníes) dan un trato de favor hacia ellos como el que ha tenido, y sigue teniendo, hacia los talibán.

Los kurdos de Irán, sunitas como ustedes, también son duramente golpeados por la élite farsi y chiíta en el poder. ¿Cuál es, en su opinión, la diferencia entre la situación de ambas minorías en Irán?

La situación de los kurdos es ligeramente distinta a la nuestra ya que ellos disfrutan de una región autónoma en el norte de Irak que sirve a su vez de refugio a los kurdos de Turquía, Irán y Siria. En nuestro caso no podemos pensar en refugiarnos en Pakistán o en Afganistán. De ser así no estaríamos ahora en Londres.

 

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«Nosotros sólo contemplamos la creación de un Irán confederal como un paso intermedio hacia la independencia total»

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