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Maite Ubiria Kazetaria

Respuesta eficaz, en la calle y en las urnas

El reloj se ha parado en la tarde del jueves. Las agujas se han detenido a las 18.45 y, tras el impacto inicial, se han acelerado todos los pulsos.

En el norte de Euskal Herria el jueves era el día menos cuatro. El sprint hacia la primera vuelta de las regionales. Eso era el jueves hasta que alguien decidió abrir el portón de una cámara en una morgue de Toulouse.

En ese frío reducto han mantenido -quizás las pruebas nos permitan decir un día que retenido- durante once largos meses, el cadáver de una persona cuya imagen ha aparecido en infinidad de carteles, periódicos y pantallas de televisión.

No menos de una decena de personas han estado en contacto con el cuerpo de ese popular desconocido sólo contando las horas previas al ingreso al hospital Purpan. Contemos: entre dos y cuatro miembros de la patrulla de la Policía local, otros cuatro del SAMU, cifra similar para los bomberos. Y a partir de ahí el personal de urgencias. Echemos que ya son cuarenta ojos los que han mirado a Anza.

La máquina administrativa es una mole en Francia. Hágase un corte en un dedo, ponga pie en un dispensario, y prepárese para rellenar fichas con la mano sana hasta sufrir agujetas.

Suma y sigue de personal. Aparece el sanitario y con él la administrativa que se acerca a la cama de esa persona que agoniza sola, no por propia elección.

Esté consciente o no, el protocolo de la Sanidad francesa impone una obligación: rellenar un parte de descripción, leer al enfermo ese documento y remitirlo de inmediato a la Policía.

Más difícil de cuantificar me resulta el número de personas que han estado en contacto en días sucesivos, para aportarle cuidados, a esa persona a la que quizás alguien ha acariciado una mano y ha dicho una palabra amable antes de morir.

Los rostros de las mujeres y hombres cuyo trabajo está en el origen de la alta reputación de la sanidad francesa, tan golpeada por las reformas de Sarkozy, tan combativa siempre en la defensa de la dignidad de los pacientes, se suceden, hoy todavía borrosos, en esta película sin cortes que recorre nuestras mentes desde el jueves.

La tarea es ardua, pero no hay silencio infranqueable cuando tantos han visto. La verdad está hoy un poco más cerca. Es tiempo de arrancar respuestas. Hoy marchando en la calle. Y depositando una protesta en las urnas.

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