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FÚTBOL Final de la Copa Confederaciones

El «Españazo» de Maracaná

Brasil arrolló por juego y goles (3-0) a la vigente campeona del mundo, presentando sus credenciales para su Mundial de 2014.

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Joseba VIVANCO

«Creo que llegará un día en que alguien pondrá en duda el modelo y creo que ese día saltaremos todos porque es algo que está instalado ya, no solo en los que estamos ahora, sino también en la opinión pública, en la admiración del mundo... Pero puede ocurrir lo contrario. Siempre pienso: será cuando perdamos. Entonces sabremos si de verdad somos fieles al modelo o no. Porque yo recuerdo que no hace demasiado tiempo, cuando el Bayern ganaba la Champions o los ingleses ganaban la Champions, aquí se decía que este modelo, el nuestro, estaba caduco. Que con este modelo no se podía ir a ninguna parte, que no podíamos competir contra esos físicos. Será en ese momento cuando se verá la fortaleza de nuestras creencias».

Palabras de Pep Guardiola, pronunciadas en 2010, que pronosticaban la dolorosa derrota del Barcelona en la última final de la Champions League ante el Bayern de Múnich. Palabras que sirven también para la dolorosa derrota que España sufrió el domingo a manos de Brasil en la final de la Copa Confederación.

No ha sido una derrota intrascedente. No ha sido un 3-0 para la estadística. El repaso que la Canarinha le dio al combinado español ha abierto, de manera inevitable, el melón del debate futbolístico. Brasil fue a España lo que el Bayern al Barça y son ya muchos los que dan por sentenciado al tiqui-taca, el fútbol de toque, para dar paso a otro más vertical y físico.

Los brasileños con un grupo en construcción cara a su Mundial de 2014, como lo ha demostrado Italia, como lo es de suponer Alemania, mientras que la España de Del Bosque que la heredó de Luis Aragonés se asoma a la cita mundialista con sus primeras dudas. ¿Sigue sirviendo el estilo que ha imperado los últimos años o, lo que fallan son algunos actores que están pidiendo ya el relevo generacional? ¿Se atreverá a darlo?

Desde el mismo himno

Brasil ganó la final desde el momento mismo en que sus jugadores se desgañitaron destrozando su himno nacional, arropados por un Maracaná que hasta por televisión dejó impronta de su grandeza. Brasil ganó la final por sus ganas, desde que Fred, de bruces, buscara un balón rebotado que parecía perdido, para marcar otro gol relámpago de la Seleção, o David Luiz, boca arriba, con los pies por delante hacia su propia portería, salvara sobre la misma línea de meta el que habría sido el gol del empate español. Actitud. Entrega. Hambre.

Esta Brasil no es la que conocíamos, como tampoco es una Brasil a la italiana. Digamos que Hulk interpreta esa parte física y esa parte técnica de este combinado apuntalado en unos jugadores que han sabido interpretar su papel. Desde el mejor central que jamás haya tenido Brasil, como es Thiago Silva, hasta su nueva promesa Neymar. Entre ambos, dos tipos llamados Paulinho y Luiz Gustavo que han frenado en seco a los rivales y se han multiplicado. Brasil juegaba con 12, pero dentro del mismo terreno de juego.

Nunca pudo España con la presión y la solvencia brasileña. Nunca pudo con Maracaná. Llegaron muy justitos físicamente y han evidenciado que mermados anímicamente para superar un marcador en contra ante un equipo hecho y derecho. Una advertencia a tiempo, a un año vista del Mundial. Hoy se habla del fin de unas épocas, de unos reinados, incluso de un estilo. Quizá un buen momento para releer a Pep Guardiola. Pero sea como fuere, en el monumental e histórico Maracaná, la selección hispana firmó el 30 de junio su particular `Españazo'.

éxito del torneo

Un éxito futbolístico la presente edición, con competidos partidos, históricos enfrentamientos, más de cuatro goles de media por choque y asistencia media de 50.000 personas por encuentro.

«Volveremos»

«Se confirma algo que sabíamos, que no será fácil vencer a Brasil aquí. Pero bueno, en un año volveremos y estaremos aquí como campeones del mundo para defender lo nuestro», se mostró retador Fernando Torres.

Neymar se llevó el Balón de Oro al mejor del torneo y Torres el «pichichi» gracias a Tahití

Neymar se convirtió en la gran estrella del certamen de principio a fin. El brasileño, de 21 años, derrochó magia y genialidad en todos y cada uno de los cinco partidos que disputó su equipo y, de paso, espoleó a la Seleção hasta la gloria. El nuevo fichaje del Barcelona, donde recaló semanas antes de la competición, ha conquistado el Balón de Oro Adidas. En la gran final, Neymar contribuyó a la victoria de los suyos con un magnífico gol lanzado con la zurda, su arma más débil. La Bota de Oro al máximo goleador fue para Torres, gracias a sus cuatro dianas a Tahití. El Guante de Oro fue para Julio César. J.V.

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