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TRAS LA REDADA CONTRA HERRIRA

«Herrira superaba frentes, por eso lo ha segado el Estado»

Una semana después de superar su detención, dos de los miembros de la suspendida Herrira hacen balance de la operación y de los 19 meses del movimiento

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Nagore García e Ibon Meñike

Detenidos e imputados

Hablan para GARA ocho días después de quedar libres. Nagore García e Ibon Meñika se muestran satisfechos por el trabajo realizado durante 19 meses por Herrira, ahora suspendida por la Audiencia Nacional, una decisión que no ha detenido la marea por los derechos humanos de los presos. La AN sigue erre que erre: ahora cita como imputados a Emili Martin y Jon Mintegiaga.

Agustín GOIKOETXEA | BILBO

¿Habían pensado que podrían llegar a ser detenidos por su labor en Herrira? ¿Qué sintieron al ver llegar a la Guardia Civil?

Ibon MEÑIKA.- Es impensable que trabajar por los derechos humanos de las personas presas y exiliadas en pos de un camino de resolución pueda llegar a convertirse en delictivo con las consecuencias represivas que tuvo. Lo inconcebible es que luchar por eso signifique que tus derechos sean vulnerados tan violentamente por la Guardia Civil metralleta en mano. Al verles entrar en la sede de Hernani no pudimos ocultar nuestro estupor. Pensamos que respondía a una manifestación del pasado que entendíamos superada.

Apenas quince días después de haber finalizado el acto del Anaitasuna entonando ``Give peace a change'', ¿sintieron que era la respuesta, un portazo?

Nagore GARCÍA.- Va más allá de lo que quisimos reflejar en aquel acto. Ha sido una reacción al nuevo tiempo que se ha ido abriendo en Euskal Herria, donde cada vez más sectores están aportando de manera positiva al respeto de todos los derechos humanos, a la resolución del conflicto y a crear una paz justa y verdadera. Al margen de que sea una respuesta a la dinámica que haya podido impulsar Herrira, hay una intención muchísimo más profunda, expresión de que el Estado tiene miedo. Es el único que sigue enrocándose en el pasado, que no quiere solucionar este conflicto, que haya una paz. De ahí que continue vulnerando derechos. Con esta operación ha tratado de enviar un mensaje a la sociedad vasca: no va a dar pasos, no está dispuesto a cambiar nada. Ha tocado a Herrira como movimiento, a los imputados a titulo personal, pero supera ese ámbito.

Al ser conscientes de la dimensión de la operación, ¿qué sobresalió: el miedo personal al trato, la preocupación por cómo quedabaN el movimiento y el trabajo por los presos...?

I.M.- Es un cúmulo de circunstancias. Interiorizar lo que estaba sucediendo es muy difícil, porque tiene una dimensión tan amplia que necesitas tiempo y perspectiva. Si volvemos a recordar lo que fue el asalto, cuando estábamos haciendo una reunión para hablar acerca de la doctrina 197/2006, de cómo íbamos a actuar ante la sentencia de Estrasburgo sobre Ines del Río, entran violentamente, nos dicen que estamos detenidos, que somos terroristas, que Herrira ha sido suspendida y que vamos a la Audiencia Nacional. A partir de ahí, atisbamos cárcel, represión... Esas recetas las hemos superado con mucho sufrimiento, y tenemos que dar pasos en positivo a nivel colectivo, y que los derechos de las personas presas y exiliadas estén en el centro del debate.

Durante el cautiverio, ¿tuvieron noticias de la respuesta que se estaba dando fuera? ¿Al salir, les sorprendió su dimensión?

N.G.- Hasta el día siguiente, creo, no sabíamos ni cuántos éramos. El martes, en Tres Cantos, vimos que no éramos solo los arrestados en Hernani. Fue cuando supimos que éramos dieciocho. Esa misma jornada algunos, la mitad, tuvimos la oportunidad de pasar a declarar ante la Guardia Civil con nuestros abogados y comenzamos a tener informaciones más precisas de cómo estaba siendo la respuesta en la calle, cómo se encontraban nuestros familiares y amigos... En los calabozos, fuimos conscientes de la dimensión de la respuesta que se estaba dando en Euskal Herria, lo que nos dio cada vez más fuerza y animos. Fuimos siendo conscientes de que en el exterior había un movimiento real ya que superaba la respuesta a nuestras detenciones. Se estaba creando una gran ola solidaria.

I.M.- No quiero perder la ocasión de dar las gracias a quienes con sus gritos nos respaldaron cuando estábamos en la sede de Hernani. Y también el calor que recibieron nuestros familiares y amigos en Madrid.

¿Se les ha acercado o saludado gente que no esperaban?

N.G.- Sí, y es de agradecer a nivel personal y social, porque al margen de las circunstancias personales estábamos haciendo un trabajo por los derechos de presos y exiliados. La verdad es que encontrarte en los calabozos de la Audiencia Nacional y saber que ELA-Ertzaintza ha emitido una nota, te sorprende. Al llegar a casa, te encuentras con declaraciones y mensajes de gente de todo tipo, desde periodistas de prácticamente todos los medios, de personas del ámbito de la cultura, del deporte, gente incluso que ha sufrido la violencia de ETA, y te llama mucho la atención. Es digno de resaltar y de que se sepa. Viene a demostrar que hay un caldo de cultivo para la resolución del conflicto. Existe una concepción transversal en lo que se refiere a los derechos de los presos y sobre ella se asienta la necesidad de la solución del conflicto.

¿Creen que la reacción ciudadana ha sido clave para que hayan sido liberados, o más bien que estaba en el guión de los promotores de la redada?

I.M.- Habrá tiempo para muchas interpretaciones y lecturas. Es gratificante constatar que lo que ha sido tu discurso y quehacer diario se demuestre en la práctica ante la situación tan violenta que se dio la semana pasada. Veníamos manifestando que existe un gran consenso social que está encaminado al respeto de los derechos de presos y exiliados, y creo que por eso mismo estamos aquí.

El ministro de Interior empezó diciendo que Herrira es el movimiento con mayor capacidad de activación y dinamización social en Euskal Herria, como justificación para ponerlo en el punto de mira. Tras el ataque se ha constatado que no es simplemente un agente que trabaja en pos de unos derechos. Se trata de una filosofía que está enraizada en una sociedad que tiene un pensamiento general. Y lo quiere poner en práctica hasta llegar al objetivo final, que es que Herrira desaparezca porque eso supondrá que presos y exiliados estarán en casa.

Hay un debate amplio sobre qué pretendió el Estado. Se apuntan desde objetivos coyunturales (próxima sentencia sobre la doctrina 197/2006) a profundos (involución en el proceso, parar la demanda por los presos...). ¿Qué opinan?

N.G.- Habrá más de un factor. El Estado hace sus cálculos. El próximo fallo de Estrasburgo tendrá que ver, el intentar obstaculizar el movimiento en favor de los derechos de presos y exiliados también... pero supera todo eso. Llevamos tiempo diciendo que el Estado se está manteniendo en una situación de bloqueo. No tiene ningún interés en que se resuelva el conflicto que ha generado mucho sufrimiento. No tiene nada que ofrecer y comienza a dar muestras de que tiene miedo. Se está alimentando un nuevo tiempo desde diferentes ámbitos y teme a lo que podemos hacer, a que todo un pueblo sea protagonista y alcancemos un escenario de resolución y paz. Además, ha tratado de transmitir un mensaje de desolación. Pero la reacción de la sociedad ha sido todo lo contrario, ya que se ha enviado al Estado el mensaje de que aquí hay un pueblo en marcha, que hay una mayoría que no quiere más sufrimiento.

Si se puede hablar de balance, ¿cuál es desde el punto de vista del Estado y desde el vuestro?

Tristemente, el Estado español nos ha situado en estos parámetros y a partir de ahí la pregunta que cabe es qué debemos hacer para que la demanda social mayoritaria que existe se lleve a cabo. Las pistas nos dirigen a que la activación social es imprescindible. Es el arma más importante que tiene esta sociedad para que las cárceles y el exilio se vacíen. Cada persona tiene capacidad de aportar algo para que los derechos de presos y exiliados sean respetados. Se trata de que gota a gota seamos capaces de hacer un mar de solidaridad, de respeto, de escenario de paz para que la cárcel y el exilio sean parte de nuestra historia pero no de nuestro presente y futuro.

Herrira tiene suspendida sus actividades, ¿va a suponer un parón en ese camino?

N.G.- Un paréntesis. El Estado donde se siente cómodo es en una política de bloques, instalado en el inmovilismo, que es lo que ha logrado superar Herrira. Ese dinamismo social es lo que ha tratado de segar el Gobierno español. Ese trabajo sigue siendo una base sólida y no se perderá. Existe un caldo de cultivo, miles de personas dispuestas a ser gota, y más pronto que tarde ese trabajo dará sus frutos.

¿Cuáles son los retos para esa mayoría social?

N.G.- Cómo conseguimos que pueblo a pueblo podamos aportar para que se dé esa activación. Siempre hemos creído que el protagonismo está en las personas, que han mostrado su voluntad inequívoca de que la situación cambie. La primera estación de esa mayoría social se va a visibilizar el 11 de enero en Bilbo y marcará un punto de partida nuevo.

¿Cómo van a enfocar su vida estando imputados por la Audiencia Nacional?

I.M.- Independientemente de lo que la Audiencia Nacional me diga, tengo claro que seré una gota en ese mar.

N.G.- Al igual que Ibon, encontraré mi sitio en ese mar siendo una gota más. Creo que hay sitio para todos y cada uno debemos aportar lo que podamos.

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