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Chema Berro, Lucio Tabar, Jose Mari García Bresó, Fernando Armendáriz, Jesús Viana, Iñaki Arzoz | Banatu Taldea

Reparto de trabajo: una propuesta decrecentista

El reparto de trabajo se ha convertido en un imperativo ético inaplazable, cuya extensión ha de integrarse en el debate sobre la renta básica universal, el reparto del trabajo reproductivo o de cuidados y la revaloración del tiempo libre

Reparto de trabajo. ¿Qué tiene este concepto que hace unos meses sindicatos y partidos lo ignoraban y ahora se ha convertido en motivo de creativa disputa? Probablemente la constatación de que la extrema gravedad de la crisis y del paro desbocado (salvando espejismos estacionales) lo ha puesto bajo los focos, como una alternativa de emergencia. Hasta el punto que hasta los mismos corresponsables del paro lo rondan para manipularlo, confundiendo reparto de trabajo con reparto de miseria, trabajo digno con minijobs... La situación en Navarra es que apenas hace un par de meses los partidos de la oposición y los sindicatos se han lanzado a una carrera por diseñar y modular una medida ineludible, y hay que felicitarse por ello. En este esfuerzo conjunto y en algunas de las medidas que se han esbozado hallaremos las bases de una propuesta que sin duda ha de ser colectiva.

No obstante, desde Banatu, Iniciativa por el reparto (del trabajo y de la riqueza), siguiendo el enfoque decrecentista, queremos advertir que el reparto del trabajo no puede ser esa medida coyuntural y reversible para disimular las cifras del paro y bene- ficiar solo al empresariado, sino una pieza central del puzzle del nuevo paradigma del empleo para salir de la crisis. En este nuevo modelo, el objetivo es el cumplimiento del derecho a una vida digna, que contemple un trabajo retribuido con justicia, en el marco de una economía al servicio de las personas, que sustituya la competitividad por la utilidad social y la verdadera sostenibilidad ecológica que evite el colapso ecológico y energético. El reparto del trabajo se ha conver- tido en estos momentos en un imperativo ético inaplazable, cuya extensión ha de integrarse en el debate sobre la renta básica universal, el reparto del trabajo reproductivo o de cuidados y la revaloración del tiempo libre, dedicado al desarrollo personal y colectivo, a la familia, el cultivo de la amistad o la cultura y a la participación activa en la sociedad. Lo que podría resumirse en el lema: trabajar (menos horas) para vivir mejor, no vivir para trabajar (y consumir).

Pero en Banatu, el reparto de trabajo como medida estructural progresiva, que abre la expectativa a un estilo vital del «buen vivir», no nos hace olvidar la urgencia y la concreción que demandan los sectores más vulnerables que sufren el paro (jóvenes, mujeres, migrantes, mayores de 50 años, etc.), y por ello aportamos una propuesta que creemos razonable y practicable, siempre abierta a la discusión y la mejora: la semana laboral de 30 horas y su aplicación prioritaria en la Administración.

La reducción de la semana laboral a 30 horas efectivas (un cifra intermedia entre los extremos barajados hasta ahora, de 35 y 20 horas) en diferentes fórmulas flexibles (por cómputo de horas/días, días, semanas o meses), según las necesidades de los diferentes servicios y buscando siempre el acuerdo con los trabajadores. Los salarios correspondientes no seguirían la misma progresión que la reducción de la jornada, ya que esta debe ser una medida también para reducir la abusiva desigualdad en los abanicos salariales que se dan en la Administración, posibilitando que el reparto de trabajo signifique también reparto efectivo de la riqueza. La reducción salarial que compensaría de alguna manera la reducción de la jornada se distribuiría de modo inversamente proporcional a los niveles salariales, estableciendo un reajuste en la escala de los diferentes niveles de la Administración.

Esta medida se podría complementar con otras que los sindicatos de la Administración han propuesto para el empleo público, como la reducción voluntaria de tiempo de trabajo (con reducción salarial pero cotizando como salario íntegro) o la licencia parcialmente retribuida (año sabático), las supresión de horas extras, etc. El objetivo de esta propuesta de Banatu -30 horas para todas las plantillas de la Administración- es que la reducción de la jornada garantice directamente la generación de nuevos empleos de 6 horas en condiciones laborales y salariales similares al resto y, al mismo tiempo, frenar los recortes y la erosión en la calidad del servicio en el sector público.

La propuesta decrecentista de Banatu tendría la virtud de que puede ser de aplicación inmediata, ya que no ha de esperar a una reforma económica ni a medidas adicionales para obtener resultados, aunque esa reforma económica -en profundidad- hacia un modelo más igualitario y decrecentista, ha de tener lugar para generar todo su potencial. Su aplicación en la Administración puede tener también un carácter ejemplificador, que sirva de acicate para su reivindicación y negociación en el sector privado, más allá de tímidas medidas como de las que, por ejemplo, se habla en Volkswagen.

Cuando las instituciones juegan a dar gato por liebre y al despiste -el fiasco de una Mesa del empleo sin financiación- hay que proponer medidas contundentes como el reparto del trabajo hasta que se conviertan en una apuesta estratégica tanto en el sector público como en el privado y en un clamor social en las calles. Ha llegado la hora de pasar de la por otro lado valiosa iniciativa voluntarista por el reparto a la ofensiva social y activista que contenga la marea de recortes y privatizaciones que nos impone el austericidio neoliberal.

El reparto del trabajo puede ser el primer corte que rompa el nudo gordiano del paro. En la mano de los trabajadores y trabajadoras, pero también todas las personas en paro, precarias, jubiladas o estudiantes, está impul- sarlo con fuerza solidaria y determinación.

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