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Gara > Idatzia > Jendartea 2006-05-28
¿Sabemos en qué hora vivimos?
Muchos de nosotros sabemos a cuántas horas estamos de Nueva York o de París. Pero ese conocimiento apenas roza la superficie de lo que es el complejo y curioso mundo de los husos horarios. Aquí es hoy, pero en otro lugar puede ser ayer o incluso mañana. Un último recuento de usos horarios a lo largo y ancho del planeta nos da la cifra de 39. Como para saber en qué hora vivimos...

Tomemos, por ejemplo, el caso de China. Ese gran país que se extiende a través de cinco zonas horarias, tiene un solo uso: el de Pekín, al este. Sin embargo Rusia cuenta con 11, y Estados Unidos con seis zonas horarias.

Gran Bretaña comparte su hora con Portugal, Islas Canarias y la mayoría del oeste de Africa, pero no con los Estado francés o español, a pesar de que estos están sobre el mismo meridiano de Greenwich ­un pueblo en las inmediaciones de Londres­ que sirve de base para los relojes de todo el mundo: el Greenwich Meridian Time (GMT).

India ­se alega que para desdeñar a su antigua potencia colonial­ decidió colocarse cinco horas y media por delante del GMT. «Pon tu reloj de cabeza si estás en Gran Bretaña y esa es la hora india», se dice. ¿Y qué hace Nepal, cuatro horas y tres cuartos por delante del GMT?

Hace cinco años el explorador británico Benedict Allen se embarcó en un viaje ártico por el este de Rusia, sólo acompañado por un grupo de perros que tiraban de su trineo, en un intento por cruzar el estrecho de Bering y llegar a Alaska.

A medida que el hielo se derretía, Allen se vio varado en un bloque que se movía sin rumbo a lo largo de la Línea Internacional de Cambio de Fecha sin saber si era hoy, o era mañana, o era ayer. Esta situación le hizo pensar acerca de cómo el tiempo, y también la geografía, ha llegado a definir nuestro lugar en el planeta.

Una mirada al mapa de los husos horarios revela un mundo semejante al de los rompecabezas. No hay dos piezas iguales. No hay líneas rectas conectando los polos Norte y Sur.

Algunas piezas son tan pequeñas que apenas se ven. Otras intentan superponerse a las vecinas desafiando la belleza de las líneas longitudinales que dividirían el mundo entre 24 segmentos perfectos.

Todo esto comenzó en 1884 durante la Conferencia Internacional de Meridianos, reunida en Washington (EEUU), que estableció la línea imaginaria de Greenwich como meridiano de origen o meridiano cero, el origen de las longitudes. Esto constituyó el principio de una reorganización global: los países pudieron libremente decidir su ubicación en el mapa sin atenerse rigurosamente a la posición del sol o a lo indicado por el reloj en la pared.

Organizándose según su conveniencia a lo largo de las longitudes determinadas por Greenwich, los países pronto se percataron de que tiempo es poder. Por ejemplo, después de inicialmente optar por cinco usos horarios, la Revolución China de 1949 trajo nuevos cambios y el gigante asiático adoptó simbólicamente un solo uso para el vasto país.

Un efecto de esta medida es que, por ejemplo, en un lado de la frontera entre China y Afganistán el reloj marca la hora GMT más cuatro horas y media. Mientras, del lado chino de la frontera es tres horas y media más tarde. La mitad es mañana

El mapa de los usos horarios es una especie de bestia viviente y por ende cambiante. La isla nación de Kiribati, en la línea del ecuador, una vez estuvo a horcajadas sobre la Línea Internacional de Cambio de Fecha, por lo cual la mitad de la isla tenía una fecha y la otra mitad, la fecha del día siguiente.

En 1995 los isleños decidieron corregir la anomalía y alinearse con el tiempo de Asia, con lo cual crearon una suerte de «dedo» en Línea Internacional de Cambio de Fecha que se extiende al este hasta alcanzar «el día de ayer». El último recuento de los usos horarios no da la cifra de 24, como podría pensarle, sino de 39.

Como dice el profesor de Física Teorética, Michio Kaku, «una de las cosas más absurdas que un extraterrestre encontraría llegado a la Tierra desde Marte sería que nuestros husos horarios no tienen rima ni razón». El propio Kaku concluye: «El marciano se sorprendería de cuán incongruentes somos los terrícolas que ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en qué hora es». -

LONDRES


 
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