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Gara > Idatzia > Mundua 2006-08-28
El Noveno Distrito es una «república independiente»
A falta de una respuesta eficaz por parte de las autoridades, los vecinos del Noveno Distrito de Nueva Orleáns, la zona más devastada por Katrina, han formado sus propias instituciones. Este barrio protagonizó las imágenes más impactantes que ofrecieron las televisiones de todo el mundo hace un año.

NUEVA ORLEANS

Coches encaramados en las copas de los árboles, toneladas de basura en las aceras, casas empotradas unas contra otras, animales muertos... Y, en medio de la podredumbre, los supervivientes. Eso fue hace un año.

Una de las frases favoritas del presidente Bush, al referirse al reciente conflicto de Líbano, es que Hizbula es «un Estado dentro del Estado de Líbano». Sin llegar a esos extremos, los habitantes del Noveno Distrito se han organizado en redes complejas que suplen el colapso institucional para hacer llegar alojamiento, comida y necesidades básicas. «Ha pasado ya un año del Katrina, pero aquí el Gobierno somos nosotros», indica Curtis Mohammed, uno de los líderes del Consejo de Supervi- vientes de Nueva Orleáns.

Esta organización, que tiene su sede en lo que algún día fue una comisaría de Policía, ha preparado una barbacoa de pollo y hamburguesas para congregar a los vecinos y colaboradores que trabajan por reconstruir el barrio. Kevin Flot, un carpintero de 44 años, deambula con la mirada perdida y la confianza de encontrar a alguien que le pueda ayudar a levantar su casa. Flot vive desde hace meses en su coche y cuenta a todo aquel que se le acerca cómo las aguas se llevaron a su sobrino de 22 años o cómo aguantó una semana en el tejado de su casa hasta que le rescataron. «Se ha dicho que disparamos a los helicópteros para tirarlos abajo, pero lo único que queríamos era llamar su atención y que nos sacasen de allí», recuerda.

Mientras, Carmele Hardwood, una mujer de 65 años que perdió su hogar y ahora vive sola en la ciudad de Yorke (Alabama), apunta su nombre en una lista para conseguir una caravana donde poder vivir. «Necesito volver a Nueva Orleáns, aquí se encuentra mi familia, y por mis problemas de salud tengo que venir a la ciudad cada mes, al médico», explica señalando el marcapasos que tiene instalado.

La ironía ha querido que justo al lado de la sede del Consejo se encuentre aparcado un tráiler de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA), organismo muy criticado por su manejo de los 10.000 millones de dólares destinados a realojar a los supervivientes. Quien viene en busca de ayuda, pasa de largo del camión, a lo más le lanza una mirada despectiva, y se dirige directamente al anciano Mohammed o alguno de los jóvenes cooperan- tes que se han desplazado de todas partes de EEUU para echar una mano. Es muy difícil calcular el descrédito que sufren las instituciones en estas calles.

La otra cara de la moneda se encuentra a unos diez minutos en coche. El estadio Superdome, otra imagen de la infamia y la devastación, ha recuperado prácticamente su aspecto, después de que más de 25.000 personas se refugiasen en él durante semanas enteras. El gerente de la empresa que gestiona el estadio, Glenn Menard, estuvo varios días encerrado en el Superdome, tratando de coordinar el caos en medio de unas temperaturas infernales.

Muchos en el Noveno Distrito no entienden por qué el estadio donde juega el equipo de fútbol americano de los New Orleans Saints ha recobrado tan pronto su normalidad con las ayudas públicas, mientras que miles de personas ni siquiera han podido regresar a sus hogares.


 
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